La
gran majoria de viatges comencen quan l'avió s'enlaira, el tren tanca
les portes o un cotxe amb el maleter a vessar aconsegueix la síntesi
perfecta entre l'embrague i l'accelerador i els quilometres es van
acumulant.
Trobo innecessari afegir que qualsevol d'aquestes opcions pot ser vàlida per viure un viatge inolvidable.
La
gran mayoría de viajes comienzan cuando el avión despega, el tren
cierra las puertas o un coche con la maleta a rebosar consigue la
síntesis perfecta entre el embrague y el acelerador y los kilómetros se
van acumulando.
Encuentro innecesario añadir que cualquiera de estas opciones puede ser válida para vivir un viaje inolvidable.
Pero
el nuestro es diferente, forma parte del restringido club donde la
aventura arranca mucho antes, cuando un grupo de ilusos conscientes de
que quieren vivir el verano de su vida, (también llamado de los
dieciocho o de la selectividad) divagan por los pasillos entre clase y
clase entre comentarios hasta hoy repetidos como: "va, parad de flipar"
"al final no lo haréis" y un largo etcétera que siguen el mismo patrón.
Si
estoy escribiendo estas líneas será porque los comentaristas iban
errados, y estas ilusiones se han convertido en un billete, una mochila y
un pulsera, que aunque sea de nul.la utilidad, por postureo que
llevamos, nos va como anillo al dedo (o pulsera en la mano).
Bueno,
nuestra aventura ya ha comenzado, y la única y exclusiva
responsabilidad que tenemos es conseguir que siempre que escuchamos la
palabra "interraíl" o de cualquiera de las ciudades donde la cámara del
Max inmortalice fotos, se nos dibuje una sonrisa imborrable en la cara y
las ganas de repetir la experiencia sean irrefrenables.
Dicho
esto, bienvenidos a leer como cinco mayores de edad y uno que le queda
poco para llegar a soplar las dieciocho velas, registros cada rincón de
las ciudades y descubrimos caracteres que no nos dejarán indiferentes, y
tal vez a ellos tampoco
